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POR SUS PALABRAS…
Por: Luis Miranda.


  Dice Eclesiástico 20, 27 que “Por sus palabras el sabio se hace grande”. Me ha llamado la atención este proverbio y me parece que podemos sacarle algunas posibles interpretaciones que nos muestren la profundidad de la Palabra de Dios.
Antes debemos decir que hay un supuesto: ¿Quién es el que se hace grande? El sabio. ¿Y quién es el sabio? En términos generales, quien tiene la Caridad, es decir, la Gracia habitual de Dios; aquel a quien no le reprocha su conciencia algún pecado grave. Este es el sabio, sea niño o anciano, sacerdote o laico, rico o pobre; este es quien se hará grande por sus palabras. Ahora veamos qué pueden ser estas palabras que hacen grande al sabio.

  Primero, puede ser el caudal de palabras, es decir, tener un amplio vocabulario. Conocer los significados de las palabras, de los conceptos; conocer la etimología, el origen de las palabras. También entran aquí las palabras en otras lenguas, por ejemplo el latín y el griego, el hebreo, que van abriendo la mente del sabio en las significaciones de los misterios de la Escritura.
Segundo, puede ser el contenido de esas palabras, es decir, la profundidad moral, intelectual, de las palabras que usamos cotidianamente. Con el contenido nos referimos a la sensatez de quien usa las palabras. Dicho de otro modo, quien no dice malas palabras, ni inmorales, ni blasfemas ni albureras. Quien con sus palabras alienta, edifica, construye, ayuda a los demás. Por lo mismo, quien no usa sus palabras en falso o ligeramente.
Tercero, pueden ser sus palabras en el sentido de hechos, de juramentos; es cuando damos nuestra palabra, cuando nuestra palabra es nuestra fiadora, nuestro aval. Entonces, esto significaría que las promesas, los votos, los juramentos, los compromisos del sabio son sus palabras que lo hacen grande. Mientras más valiosas sean estas palabras y mientras más empeño se tenga en cumplirlas, más grandes se hará el sabio.
Cuarto, pueden ser estas palabras las inspiraciones, tanto inspiraciones divinas como angélicas y humanas. Estas inspiraciones serían palabras, consejos, órdenes que nos llegan de fuera o, mejor dicho, de otro. El consejo del Director espiritual, del ángel, de Dios, de un amigo sensato, son palabras que nos hacen grandes.
Quinto, puede significar obviamente Una entre todas estas palabras, la principal, la Palabra eterna: Jesús, por lo que quien en sus palabras, dichas o escuchadas, habladas, tiene siempre presente como referencia implícita o explícita la Palabra eterna, ese se hará grande. Quien haga, diga o jure teniendo como principio la Palabra hecha carne será el más grande entre los grandes.
Sexto, podemos considerar cada libro de la Biblia como palabras dichas por Dios para revelarnos su bondad y su amor, para manifestarnos su voluntad. De tal modo que el conocimiento total y claro, profundo, de las palabras contenidas en la Biblia hacen grande al sabio. Es un buen objetivo ir memorizando las palabras de Dios para recordarlas cuando vayamos de camino o estemos sentados, dormidos o despiertos.
Séptimo, las palabras que hacen grande al sabio pueden ser los libros. En efecto, no sólo las palabras de la Biblia sino también las palabras de la cultura humana, de la tradición intelectual. Tener el Catecismo, el Quijote, la Divina Comedia, la Ilíada, la Odisea, Cien años de soledad, etcétera, además de libros especializados, de religión, filosofía, historia, ciencia, cultura, hacen que los sabios se vuelvan grandes, amplios y profundos en su criterio.
Ahora bien, ¿qué puede significar esta grandeza? ¿Qué características físicas tiene una persona grande para hacer nosotros una metáfora, un símbolo de la vida espiritual? Las personas grandes son más fuertes que las pequeñas, por lo que las palabras del sabio lo hacen fuerte. También las personas grandes ven más lejos que las pequeñas, hacia enfrente y hacia atrás, al pasado para interpretarlo y al futuro para intuirlo, por lo que las palabras del sabio, -sus libros, sus inspiraciones, su caudal-, lo vuelven capaz de ver con mayor claridad.
Otra característica de las personas grandes es que resisten los vientos, esto es, las adversidades, las tentaciones, puesto que las palabras de su mente le recuerdan que tal o cual santo vivió eso mismo que él vive ahora y lo superó. Una más: las personas, mientras más grandes son proyectan más sombra, esto es, la fama; de tal modo que el sabio será más famoso cuanto más profundas, sensatas, inspiradas y vitales sean sus palabras. Pienso en los Doctores de la Iglesia, San Jerónimo, San Agustín, San Gregorio, Boecio, San Anselmo, Santo Tomás de Aquino, quienes preocupados por la perfección de su lenguaje, de sus palabras, de sus votos, inspiraciones y libros siguen proyectando su gran sombra en la humanidad hasta el presente.



Dame Señor, un corazón humilde para aceptar tu voluntad en mi.

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