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LOS NUEVOS, -Y MALOS-, CRISTOLOGOS
Por: Luis Miranda


  Es muy fácil para nuestra mentalidad posmoderna parecer un gran sabio. Ostentar erudición. La inestabilidad, la evanescencia de los tiempos nos permite tales arrogancias. Como estudiante de un Doctorado en Humanidades exploro un mundo, -una selva-, muy amplia de ideologías, libros, información, teorías, activismos, aunque rara vez me encuentro un argumento.

  Además de aquel, vivo en otro mundo: en la Iglesia. Un mundo riquísimo de afectividades, ideas, proyectos, trabajos, teorías, doctrinas, doctores, pero aunque me resulte incomprensible es también muy raro que me encuentre un argumento. Alguien que exponga o defienda su postura con rigor lógico.

Lo digo porque para colmo de mi hígado leí en esta semana dos libros de Cristología. Y los dos ostentan erudición desde sus primeras páginas. Más aún: desde sus primeras palabras. Y cómo me molesta que empiecen sus libros los autores, -éstos y otros-, con expresiones tan gallardas: “Es necesario en la actualidad reelaborar toda la cristología”; “En nuestro mundo, con nuestros avances, no podemos seguir considerando la Redención como sacrificial”; “A partir de los descubrimientos exegéticos, tenemos que reelaborar nuestras ideas sobre Cristo”… Estoy realmente molesto, debo calmarme…

Quisiera tenerlos enfrente. (Ya estoy calmado). Tenerlos enfrente y cuestionarlos cuando hagan alguna afirmación categórica. No dejarlos que sigan hasta que ellos mismos, mediante un método mayéutico, se den cuenta si están razonando bien, si sus argumentos son válidos, si sus premisas y sus entimemas son correctos. Si lo que suponen antes de hablar es verdadero. Y es que el problema con estos es que mezclan muy bien los errores y la verdad. A veces a sabiendas, perversos; a veces por ignorancia o por desvíos, del razonamiento, claro.

Tenerlos enfrente porque a los libros no les puedo hablar, ni cuestionar. “Oiga, señor teólogo: ¿Por qué dice que es necesario reelaborar toda la cristología? ¿Porque acaso toda estaba mal? ¿Ya la leyó toda? ¿Cada enunciado era incorrecto? ¿La de los Padres, la de los Doctores medievales? ¿No dijeron absolutamente nada verdadero? ¿Toda vez que hablaron de Cristo se equivocaron? ¿Debió esperar el mundo veinte siglos hasta que usted y los suyos reelaboraran la cristología? ¿Van a elaborar una nueva o reelaborar la que ya está? ¿Pero si es una reelaboración se implica la verdad de la que ya está? ¿O la van a elaborar nueva? ¿Con qué supuestos, con qué conceptos? Si estaba mal la cristología, deberá entonces ser nueva. Si estaba bien, tendrá que enriquecerse con nuevos argumentos. O estaba mal o bien. Pero es absurdo que haya estado mal por las razones -las cuestiones- aducidas, por lo tanto está bien, y no se debe en absoluto reelaborar toda la teología como usted dice”…

En mi mundo, leo a todos. Leo a los nuevos exegetas y me parecen extraordinarias sus aportaciones. Leo a los nuevos cristólogos: geniales; son como la Moabita que recoge cuanto dejan los segadores de Booz, así ellos van recogiendo la herencia intelectual de los siglos y aportan sus propias y joviales ideas. Pero hay algunos verdaderamente insensatos. Ni siquiera ofrecen algo sano al paladar. Menos algo bueno. Inauténticos. Se me figuran al Chavo del 8, que agarran un libro, lo medio leen y empiezan a dar patadas emocionados: Sí, sí, a jugar a que yo escribía un libro; sí, sí, y que hablaba de Cristo...

Dame Señor, un corazón humilde para aceptar tu voluntad en mi.

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