El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

 


Maria Luisa

  Yo conocía a Dios sólo en el Templo pero no sabía que me amaba, que se interesaba por mí, no sabía qué significaba el Sacramento de la Eucaristía, estaba en la total ignorancia e inmersa en el tedio de la vida, sin sentido, sin rumbo, cuidaba mi relación con Él pero sin conocerlo, pecaba y me confesaba, pero recaía en el pecado, sin saber a Quién era el que ofendía.

  Ignorante como era, pensaba como el mundo y sus movimientos, dejándome llevar por la sensibilidad y no por la objetividad. Mis intereses eran la familia, las amistades, el deporte. Lo más importante en mi vida era la familia, el qué dirán, lo más importante para mi eran mis propios pensamientos, mis propios deseos. Frecuentaba cualquier ambiente, no sabía cuan valiosa era a los ojos de Dios.
No tenía objetivo en mi vida, no sabía que iba a resucitar no sabía que Dios me creo para Él y que quiere que vaya a Él pues a Él pertenezco. Pero en una situación límite, cuando el pecado tocó fuertemente a mi puerta, la tentación fue muy fuerte y me volví a Dios buscando ayuda.
Fue entonces cuando el Señor Jesús me sacó de las tinieblas del error, de caer en pecado grave, Su fuerza y Su poder me salvaron, se me reveló como Redentor, como Salvador. Esa situación me llevó a reflexionar fuertemente y a buscar el sentido de la vida, el porqué de la existencia humana. Quién era yo, de donde venía y a donde iba. Y vi el vacío de la existencia sin Dios.
Entonces opté por El, por que El fuera parte de mi vida y tuve entonces el deseo de no ofenderlo más, de ser una mejor persona, valiosa para mi próximo, que Él me mandaba amar, pues me dí cuenta que tenía muchos defectos y que tenía que trabajar mucho en mi conversión para poder ofrecer a los demás el ejemplo y testimonio de vida tan necesario.
Al encontrarlo me di cuenta de que yo había sido creada por Él no para vivir en la inmundicia del pecado sino para el Reino de los Cielos a donde Él quiere llevarme. Ahora deseo conocerlo, empecé un curso de Evangelización hace ya 30 años aproximadamente y de ahí a buscar quién me enseñara, quién me guiara, quién me orientara, ya que como dije estaba en la total ignorancia de Dios.
Empecé a buscar primero quién era yo, que es lo que guiaba mi vida, quién era el dueño de mis actos y vi que era sólo el instinto y empecé mi camino de conversión, reconocí mi pecado, me dolí fuertemente de lo que le ofendí, sé que esto es gracia de Dios, y empezó a entrar en mí la claridad del Evangelio que me llamaba a esa conversión del corazón.
Hoy busco conocerlo más, para amarlo más y servirle mejor en el prójimo, trabajando día a día en mi conversión, en esa metanoia a la que estoy llamada y por supuesto decidí rechazar el pecado, todo tipo de pecado, no hay pecados grandes o pequeños, el pecado es el rechazo a Dios y a Su Plan de Salvación para mí y para los que me rodean, ahora oro mucho busco con frecuencia esa hermosa intimidad que llena en mucho mis expectativas que no se repite que no se acaba que no se agota, sino que acrecienta en mí el deseo de una mayor intimidad y de un mayor amor.
Solo Dios es lo que me impulsa, sólo Él buscar Su amorosa voluntad, busco agradarlo en todo, lo dejo actuar en mí, no le niego nada de lo que me pide, por muy valioso que eso sea para mí, o por muy doloroso que sea el entregarle lo que me pide. Ahora todo tiene sentido, aún el dolor, ya que en todo interviene Dios para el bien de los que lo aman (Rom 8,28).

Dame Señor, un corazón humilde para aceptar tu voluntad en mi.

Comunidad Kerygma.
contacto@kerygma.mx
Hermosillo, Sonora, México.
Todos los Derechos Reservados ©.