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R. Rivadeneira

  Mi vida era simplemente una vida de pecado, sin conciencia del bien y del mal, vivía egoístamente, buscando “las felicidades” que ofrece el mundo, lo importante en mi vida eran los deportes y mis amigos, que eran más bien “amigotes”. En ese tiempo frecuentaba distintos ambientes, pero todos vacíos y ni siquiera tenía una finalidad en la vida, ni metas ni objetivos claros.

  Estando en esa situación de mi vida, llegué a un evento de la Renovación Carismática Católica, y experimente entonces un encuentro personal con Jesús que me hizo reaccionar, tuve la necesidad de seguirlo al saberlo y sentirlo vivo, al haberlo gustado en mí, pero más allá de mi… y al encontrarlo percibí para mi vida inmensas posibilidades de amar, de conocer, de estudiar, y a su lado encontré una paz, una felicidad, certidumbres que no había experimentado antes. Eso me llevó a cambiar radicalmente mi vida, a trabajar por mi conversión, la cual es básicamente luchar contra el pecado mío y de los demás para agradar a Dios. Hoy vivo luchando, siguiendo un proceso, y como discípulo suyo he tenido que rechazar a ciertas amistades, al pecado en ellos y en mí. También he tenido que alejarme de ciertas situaciones para evitar ofender a Dios, he sentido la necesidad de abandonar ciertos vicios y costumbres, y ahora lucho por hacer la voluntad de Dios esté donde esté y sin importar con quien esté. Ahora para mí, agradar a Dios es mi vida. Para mí la vida es Cristo.

Dame Señor, un corazón humilde para aceptar tu voluntad en mi.

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